Juan administra una picadura a Robin Cleaver

La picadura es lo mejor de la abeja

La terapia de picadura de abeja tiene un grupo confirmado de seguidores en Puerto Escondido

Son las 10 a.m. y el calor ya me corre por los pies al entrar al Restaurante El Jardín de Rafaela en Zicatela. Me recibe el rostro redondo y sonriente de Doña Rafaela en persona, quien me abraza y me invita a sentarme a la mesa familiar., Sin embargo, el día de hoy he venido para algo más que sólo el desayuno. Doña Rafaela sale y regresa de la cocina unos momentos después con ambas manos llenas. Coloca un café de olla fresco frente a mí y un frasco con miel abierto sobre la orilla lejana de la mesa. Después se retira para atender su restaurante que lentamente se va llenando. Mientras tanto, observo el tarro, por sobre el borde de mi taza de barro y con emociones entremezcladas. Las abejas, parece, han estado cerca esperando. En menos tiempo que el necesario para dar un par de sorbos a mi café más de diez abejas obreras llegan zumbando de todas direcciones para ocuparse alrededor del frasco abierto.

Doña Rafaela, ahora igualmente ocupada, mira mi mesa intermitentemente hasta que tiene un momento libre. Y cuando el momento llega entonces camina hacia la mesa a paso veloz, agarra una abeja del frasco y la pega con sus ágiles dedos a mi cabeza expectante. Espera la consiguiente picadura y un pequeño chillido de mi parte y le sigue con un cubo de hielo y una toallita de té para humedecer el efecto que trae lágrimas a los ojos. Esta danza se repite otras cinco veces. Finalmente, Doña Rafaela ajusta su delantal y yo me despido —su mañana continúa rodando como si no hubiera sucedido nada fuera de lo ordinario.

Doña Rafaela ha estado practicando la apiterapia por algunos años ya y yo soy una de entre un número de seguidores que asistimos con regularidad a tratamiento. Pero ¿porqué habría yo de someter mi cabecita inglesa a la incomodidad de las picaduras de abeja un domingo por la mañana en septiembre? Bueno, ¡como último recurso buscando alivio a una relación de veinte años con la migraña!

La apiterapia no es de ninguna manera una cura de nuevo cuño para las migrañas o ningún otro de los padecimientos que se cree alivia. Tampoco es nueva en Puerto Escondido. El Hotel Santa Fe, donde vi por primera vez que se suministraba a las abejas como tratamiento para la parálisis facial de un amigo, también ha trabajado con la apiterapia por algunos años. El dueño, Robin Cleaver, comenzó probando la picadura de abeja cuando se cayó en su finca hace unos cuatro años. Fue la primera de una serie de ocasiones en que la apiterapia ayudó a salvarlo de una costosa cirugía.

Un amigo de él, habiendo recientemente regresado de una conferencia Ayurvédica en que la terapia con picadura de abeja estaba entre los titulares, le dijo que probara con las abejas antes que ninguna otra cosa. Con muy poco qué perder y sin poder caminar, inmediatamente administró el tratamiento con la ayuda de su propio apicultor, Juan “Abeja”, y recibió, en palabras de Robin, alivio instantáneo. “¡Las abejas cambiaron mi vida!” Robin padece de artritis desde algunos años antes de la caída y con una fe incrementada debido a los resultados tan rápidos, continuó con la terapia. Hoy recibe hasta 70 picaduras a la semana para mantener a raya los dolores.

Juan “Abeja” tiene sus propias historias también. María, una vecina del pueblo de San Rafael, en la montaña, padecía de una severa infección de sinusitis desde que la conocía. Un día cuando iba camino a casa, con las compras en la mano, la persiguió un enjambre de abejas y recibió cientos de picaduras en todo el cuerpo. Tras recuperarse del shock se dio cuenta de que su problema de sinusitis había desaparecido por completo. María ha llamado al evento Santa Milagro (un “Santo Milagro”) desde aquel dramático día y continúa libre de su enfermedad años después. Es una linda historia, y tal vez fueron las abejas o tal vez fue el shock lo que la curó.

El propio Robin, sin embargo, no necesita que lo convenzan. Con los años, su familia y equipo de trabajo han usado a las abejas para tratar un gran número de padecimientos. Ocupado por no matar a los insectos tras la picadura, Robin ha desarrollado una técnica especial empleando unas pinzas, con lo cual el aguijón queda intacto dentro de la abeja después de picar, lo que es fundamental para que ésta sobreviva. Me habló de hernias de disco —y vértebras fracturadas — que lo  dejaron sin poder caminar. Las abejas y el apicultor de Robin lo han curado una y otra vez, desafiando siempre las súplicas de cirugía de parte de los médicos.

¿Cuál es la ciencia detrás de la picadura?

Cuando uno es picado por una abeja, el veneno —en el cual yace el poder curativo— estimula las glándulas suprarrenales que producen cortisol, una hormona natural en el ser humano que tiene propiedades anti-inflamatorias. El veneno entonces actúa en el sistema inmune  -como que lo pone en marcha-  y acelera la producción de endorfinas en la glándula pituitaria, el hipotálamo y las glándulas suprarrenales. En resumen, el proceso trabaja directamente sobre los analgésicos naturales del cuerpo.

El veneno de abeja tiene montones de propiedades antivirales y antibacteriales y algo muy interesante llamado melitina, el péptido primordial en el veneno que asiste bloqueando los genes inflamatorios ligados a enfermedades como la artritis reumatoide. Así que en la olla burbujeante de este notable remedio reside todo un manojo de ingredientes.

¿Qué contiente?

Pues bastante, en realidad: neurotransmisores como el péptido apamina, serotonina, norepinefrina y dopamina. Juntos facilitan la curación de desórdenes del sistema nervioso entero. El veneno viaja por las veredas neurales, noblemente reparando y restaurando conforme avanza por la columna vertebral.

¿Y qué hay de mi propia experiencia?

Bueno, ¡mis migrañas han desaparecido! Tres visitas a las abejas y no queda nada del dolor en el cual viví durante tanto tiempo. En mis entrevistas con Robin y Doña Rafaela escuché y fui testigo de muchos otros casos en que las abejas obraron sus milagros —desde acné facial, alivio a la sinusitis y terapia anti-edad hasta dolor crónico de espalda, artritis reumatoide e incluso alcoholismo.

El veneno de abeja ha sido utilizado durante miles de años en cientos de formas. Aquí en Puerto Escondido, una firme creencia en su valor, alimentada por resultados positivos y que han cambiado vidas, mantiene viva esta antigua tradición.

 —Julianne Chadwick

Esta historia fue publicada anteriormente en la revista Puerto Escondido.

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    Juan "Abeja" looks after the bees
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    Juan administers sting treatment to the writer
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    Applying a sing to a client's back
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    The source of the therapy
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    Beesting therapist Doña Rafaela of Puerto Escondido