laguna de chacahua oaxacaLas playas hermosas de la laguna de Chacahua, cerca de Puerto Escondido.

La Laguna de Chacahua y su belleza imponente

Una visita a la laguna de Chacahua

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Fue después de la primera lluvia de mayo, arriba el cielo estaba gris, abajo el día caluroso y tranquilo, el objetivo trazado fue llegar a Zapotalito, una pequeña localidad que se encuentra pasando la ciudad de Río Grande, a más de una hora de Puerto Escondido. Nuestro destino: el parque nacional y laguna de Chacahua.

Allá me esperaba Rigoberto Cosme Peralta, presidente de la cooperativa de servicios turísticos Paraíso Escondido, para brindarme un agradable recorrido en lancha por los manglares e islas que integran las Lagunas de Chacahua Parque Nacional, nombre que proviene de una clase de camarón típico de la zona llamado “chacahuín”. Por este rico ecosistema habitan unas 163 clases de aves, según las cifras oficiales (CONAM, PROFEPA y SEMARNAT) que se distribuyen por 14.187 hectáreas.

Comenzamos por la isla del Venado rodeada de mangle rojo, luego pasamos por la del Cura, nombre dado por semejanza con la cabellera de un sacerdote, esta rodeada de vegetación no así su centro. En la isla del Escorpión abundan reptiles como culebras, cocodrilos e iguanas al igual que en la isla de las Culebras, donde además viven mapaches, y pasando el túnel del amor se llega a la isla Romance al Natural.

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Mientras avanzamos Rigoberto explica que se dan de cuatro especies de manglares: botoncillo, saladillo, blanco y rojo, que la caza esta prohibida y desde preescolar se les enseña a los niños a cuidar las aves y la naturaleza. Durante todo el paseo nos topamos con distintas especies siendo las más abundantes el cormorán o pato buzo, el pelícano gris y la garza real, por los laberintos de islas falsas, donde crece la tichindra (un molusco parecido al mejillón) también anidan el pelícano blanco canadiense, la garza nieve (o zapatilla amarilla) y de plumaje negro el ave aninga, menos visible aún la cigüeña americana, el halcón peregrino gris o el espátula rosa de Brasil.

En el santuario de Las Garzas no hay depredadores y los pájaros que llegan desde febrero se reproducen entre abril y mayo, para emigrar en junio a sus lugares de origen, principalmente a Norteamérica. A su vez, los manglares son los ambientes favoritos de la garza tigre (vimos solo una familia) y garza verde, difícil de detectar visualmente porque se mimetiza con el follaje, pero se deja oír, “es muy gritona” dicen los guías.

Cruzamos otro túnel llamado el Corral y a un costado de la ribera se encuentra la comunidad del mismo nombre habitada por unas veinte familias que se dedican de lleno a la pesca con red que llaman “atarraya” usando las corrientes que circulan en dos direcciones, cada seis horas: por la mañana le llaman “marea” y es cuando entra agua del mar cargada de alimentos, cuando es baja dicen que es “vaciante”.

Rigoberto lo ve así “es como si el agua de mar lavara la laguna” y explica que la corriente no entra a la primera albufera porque la boca barra esta cerrada, por eso se ve turbia.

Al pasar cerca de los manglares y por dentro de los túneles el ritmo de la embarcación es pausado lo que facilita observar los detalles, pero cruzar las lagunas es rápido y mientras nos acercamos al mar cambia el tono, se asoman las primeras palmeras y allí nos detuvimos para visitar el “cocodrilario”, centro de conservación que funciona desde la década de los años ochenta.

Este recinto protege a unos 180 anfibios de tres especies: Acutus, Moreletti y un Caimán que se trajo de Chiapas para exhibición. El guía de 19 años, Antonio Contreras Páez indica que pese a que incuban entre 20 y 60 huevos por camada muy pocos logran sobrevivir, son presa fácil de muchos depredadores incluso de su misma especie, por eso se los agrupa por tamaño dividiéndolos en siete piletas, una de éstas la destinan exclusivamente a la recuperación de reptiles maltratados o heridos (generalmente por personas) y su estancia es permanente, mientras que los otros son liberados luego de un tiempo, a unos 8 o 10 km fuera de la laguna, lejos de pobladores y pescadores.

Nuestra ronda finalizo en la costa, donde también se practica surf y abundan palapas donde comer. De regreso rodeamos la isla Pirinelas, la única con cactus, aquí el guía señalo otras aves: Pedrete de corona negra y fragata o albatros y además una gran tortuga.

En Zapotalito viven unas dos mil personas que se preocupan por cuidar su entorno y dar una buena imagen al turista, constantemente limpian el manglar y recolectan PET. Para mejorar sus servicios solicitan un embarcadero para facilitar el acceso a las lanchas.

La cooperativa familiar Paraíso Escondido cuenta con diez barcas registradas, ofrece seguro de viaje y chalecos salvavidas. Los visitantes pueden escoger entre tres tipos de recorridos: hasta Las Garzas ($800), viaje directo, ida y vuelta a Chacahua ($1,200) y uno completo que dura unas cuatro otras atravesando los dos lagos ($1,500), pero si tiene otra inquietud contáctese directamente al teléfono: 596 75 25.

A Zapotalito se puede llegar en taxi o bien, por transporte público que sale constantemente de Puerto Escondido.

—Li Valenzuela

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Media credit: Li Valenzuela y Manuel Hernández Flores